GPS: Good Peyote Spirit

“In consciousness dwells the wondrous,
with it man attains the realm beyond the material,
and the Peyote tells us,
where to find it.”

—Antonin Artaud, The Tarahumars (1947)

 

Cuentan las historias que el peyote llegó a la gente en tiempos difíciles. Había hambre, enfermedades y escasez. Entonces los jefes de la tribu enviaron a algunos hombres a cazar en lugares lejanos. Fueron días duros y los cazadores no encontraban nada, hasta que un venado se les cruzó por el camino. A pesar del cansancio, lo siguieron sin poder dar con la puntería. El venado sintió compasión por aquellos hombres que le pedían al Gran Misterio una ayuda. Así fue como, al llegar a un punto en el sagrado desierto, se entregó para ser flechado. Pero fue grande su sorpresa al ver que el venado no era un animal. La flecha cayó sobre unos peyotes que llevaron de regreso al campamento para ser presentado ante los mayores, curanderos y sabedores. Ellos ofrecieron ese alimento espiritual a su gente, ayudándolos a calmar su sed y hambre, sus enfermedades.

Otros cuentan que una abuela y su nieta, también preocupadas por los tiempos difíciles que vivía su gente, se fueron a la montaña en busca de una visión. Sin comida y sin agua, ayunaron cuatro días y cuatro noches, en donde el espíritu del águila se les presentó y les dijo que probaran el alimento espiritual que nacía en la tierra, justo al lado del lugar donde meditaban y pedían ayuda al Gran Espíritu. Así fue como encontraron la medicina del peyote, saciando su sed, su hambre, calmando sus dolores. Entonces se sembró la semilla de donde unas barbas blancas de abuelo se desprenden. Ese abuelo compasivo se entregó a la gente como un acto de amor, se ofrendó para ayudarnos a sobrevivir, para entender la abundancia de la tierra que se manifiesta en medio de la escasez.

El buen espíritu del peyote, cuida a la humanidad desde tiempos antiguos. Asciende por las entrañas de la madre en forma de flor, de cactus sin espinas. Su nectar agridulce nos recuerda el sabor de la vida que no siempre es fácil de tragar, pero también puede ser dulce como la miel. El venado azul galopa por nuestros sueños, guiándonos por recónditos caminos que nos conectan con lo más profundo de nuestro ser. Por eso es sagrado, como la vida misma. Ahí reconocemos cada paso dado con gratitud por lo que es, encendiendo el GPS que nos guía hacia nuestro propio corazón.

Peyottention, they say… pay attention to the beauty of your path, the Elders say.


Art: @isabelaescobart

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